La mayoría de templos en Guatemala tienen techos altos, paredes lisas y superficies duras — concreto, block, vidrio — pensadas para la arquitectura del edificio, no para la acústica. Esa combinación hace que el sonido rebote antes de apagarse: es la reverberación, y es la razón por la que en muchos templos la prédica se entiende bien cerca de la plataforma pero se vuelve confusa hacia el fondo, o por la que la alabanza suena "lavada" en lugar de clara.
El eco no se resuelve solamente subiendo el volumen — de hecho, subir el volumen casi siempre empeora la reverberación, porque hay más energía de sonido rebotando en las mismas superficies duras. Se resuelve con diseño: elegir bocinas con el patrón de dispersión correcto para la forma de su templo, ubicarlas a la distancia y altura adecuadas para cubrir toda la congregación sin que el sonido choque innecesariamente contra paredes y techo, y calibrar el sistema con ecualización que compense las frecuencias que su espacio refuerza de más.
En Pro Iglesias medimos su templo, identificamos dónde y por qué se genera el eco, y diseñamos el sistema — selección de bocinas, ubicación y calibración — para que la voz del pastor y la alabanza lleguen igual de claras hasta la última fila.